Llevamos tres años pagando por fotograma. Cinco créditos aquí, diez allá, y una barra de progreso que se queda a medias porque se te acabó el saldo justo cuando la escena empezaba a funcionar. Todo el que haya hecho vídeo con estas herramientas conoce esa sensación de estar diseñando con un taxímetro puesto.
Ha salido un modelo que rompe eso, y quiero contarlo con lo bueno y con lo que no.
Qué es LTX 2.3
Es un modelo abierto de generación de vídeo, de Lightricks. Veintidós mil millones de parámetros. Saca hasta 4K a cincuenta fotogramas por segundo, con audio sincronizado. Admite texto, imagen o audio como punto de partida.
Y lo importante: se ejecuta en tu ordenador. Sin suscripción, sin créditos, sin subir tu material a la nube de nadie.
Encima han sacado LTX Desktop, que es una aplicación de escritorio con línea de tiempo. Desde ahí generas escenas, rehaces trozos concretos de un clip, sustituyes fragmentos, metes texto, música y efectos. El código está publicado.
Lo que esto cambia en el oficio
Y aquí es donde me pongo pesada, porque creo que es lo que menos se está diciendo.
Cuando cada generación cuesta dinero, tu proceso creativo cambia sin que te des cuenta. Piensas dos veces antes de probar. Aceptas la tercera versión porque la cuarta cuesta. Te vuelves conservadora con las ideas raras, que son justo las que a veces salen bien. El taxímetro no te limita el presupuesto: te limita el número de intentos, que es otra cosa y es peor.
Un modelo que corre en tu máquina devuelve el derecho a equivocarse cuarenta veces seguidas. Eso, para cualquiera que venga del oficio, es la diferencia entre bocetar y entregar el primer boceto.
También cambia otra cosa que en diseño importa: el material no sale de casa. Si estás trabajando con la campaña de un cliente antes de que se anuncie, o con imágenes de alguien que no ha firmado nada, subirlo a una web ajena es un problema tuyo aunque nadie te lo haya dicho.
La letra pequeña, que la hay
El vídeo que me llevó hasta esto lo despachaba con un «obviamente necesitas un ordenador potente». Vamos a poner números, que es más útil.
Para ir en condiciones pide veinticuatro gigas de memoria de vídeo. Con el modelo recortado a precisión reducida y trabajando a 720p, baja a doce. El mínimo que se maneja son unos diez gigas para 1080p a veinticuatro fotogramas. Para 4K nativo a máxima calidad se habla de cuarenta y ocho gigas para arriba.
Traducido: una tarjeta de gama alta reciente, o nada. Un portátil normal, un ordenador de oficina o una gráfica de hace cinco años no van a mover esto.
Así que el modelo es gratis y el hardware no. Eso hay que decirlo entero.
La salida intermedia
Antes de que nadie se gaste dos mil euros en una gráfica, hay un camino de en medio que casi nadie menciona: alquilarla por horas.
Una tarjeta de veinticuatro gigas sale por unos treinta céntimos la hora en los mercados de alquiler de cómputo. Si en una hora sacas diez clips contando las pruebas fallidas, eso son tres céntimos por clip. Comparado con lo que cuesta la misma generación en una plataforma de pago por uso, la diferencia es de un orden de magnitud.
Y te permite probar el flujo entero una tarde antes de decidir si compras nada.
Y ya que estamos, un aviso
Estos días circulan también vídeos anunciando plataformas de generación «gratis e ilimitada» con audio incluido. Una de ellas admite en su propia descripción que la versión gratuita pone marca de agua «que se puede quitar», y el vídeo termina mandándote al canal de quien lo cuenta.
Generar vídeo cuesta electricidad y cuesta tarjetas gráficas. Cuando algo así es gratis e ilimitado, alguien está pagando esa factura, y conviene preguntarse a cambio de qué antes de subir ahí material propio o de un cliente. No digo que sea una estafa. Digo que no lo sabemos, y que subir el trabajo de otro a una plataforma que no conoces es una decisión que se toma con datos.
Lo que me llevo
Que un modelo de este nivel sea abierto y ejecutable en local es la noticia buena del año en vídeo. Que haga falta una tarjeta de dos mil euros para aprovecharlo es la barrera nueva, y no es pequeña: donde antes te limitaba el saldo, ahora te limita la máquina.
Pero hay una diferencia importante entre las dos limitaciones. Del saldo no sales nunca, porque se renueva cada mes. De la máquina sales una vez.
— mielosa