Hay un género de terror muy específico para quien vive de esto: abres un archivo de hace cuatro años, la marca de un cliente al que le juraste que el rojo era ese y no otro, y la mancha aparece en negro. Debajo, un aviso educadísimo informando de que el documento contenía colores Pantone que ya no están disponibles. Nadie ha entrado en tu ordenador. Tu copia de seguridad está perfecta y tu licencia de Adobe, pagada al día. Lo que caducó fue un acuerdo entre dos empresas del que tú nunca fuiste parte, y la factura la pagó tu archivo.
Qué ocurrió en 2022
A finales de 2022 Adobe retiró de Photoshop, Illustrator e InDesign las bibliotecas de tintas directas de Pantone que llevaban décadas viniendo de serie. Se quedaron dentro unas pocas, las de cuatricromía y la metalizada, pero los catálogos de directos —los que de verdad usas cuando defines una identidad— desaparecieron del desplegable. La vía oficial para recuperarlos pasó a ser Pantone Connect, una extensión con plan de pago.
La parte que sacó a la gente de sus casillas no fue perder el desplegable. Fue el comportamiento con los archivos ya guardados. Documentos con muestras Pantone almacenadas como referencia por nombre se abrían con esos colores convertidos en negro y una advertencia. Quien tenía los directos ya definidos con sus valores dentro del documento salió mejor parado; quien confiaba en la biblioteca del programa, no. Multiplícalo por un archivo de proyectos de doce años y entiendes el ruido.
El intercambio de cromos entre Adobe y Pantone
Las declaraciones de aquellas semanas son una pieza de comunicación corporativa digna de estudio. Adobe explicó que la licencia con Pantone había terminado y que la decisión sobre el nuevo modelo era de Pantone. Pantone respondió que las bibliotecas que Adobe incluía estaban desactualizadas y contenían valores inexactos, y que su plataforma servía datos correctos y al día. Es decir: durante años nos vendieron como fiable un catálogo que, según su propio dueño, ya no lo era.
Las dos tenían parte de razón y ninguna asumió la parte incómoda: el usuario que pagaba a las dos se quedó con el archivo roto.
Conviene recordar quién es hoy Pantone. Dejó de ser aquella empresa de las guías de abanico cuando X-Rite la compró en 2007, y X-Rite pasó a manos de Danaher en 2012. Lo que empezó como un lenguaje común entre diseñador e impresor lleva mucho tiempo siendo un activo dentro de una cartera industrial. Con esa lente, cobrar por el acceso al catálogo no es una excentricidad; es lo que hace cualquier propietario de una base de datos con el mercado cautivo.
Cuánto cuesta hoy
Aquí voy a ser prudente, porque es justo el dato que todo el mundo repite mal. En la cobertura de octubre de 2022 se citaba una cifra en torno a quince dólares al mes por el plan de pago de Pantone Connect, y aquella cifra fue la que corrió por las redes. Los planes han cambiado de nombre y de tarifa desde entonces, se venden por usuario y por año, y no pienso escribir aquí un número que puede estar caduco cuando lo leas. Si vas a presupuestar un proyecto con directos, míralo en su web ese mismo día y súmalo a la partida de herramientas, con las guías físicas al lado, que también se pagan y además se recomiendan renovar con cierta frecuencia porque la tinta impresa se degrada con la luz.
Alternativas que funcionan de verdad
Lo interesante del episodio es que empujó a mucha gente a mirar fuera por primera vez.
- freieFarbe y su HLC Colour Atlas. Un sistema construido sobre CIELAB, con tono, luminosidad y croma como ejes, publicado con licencia abierta y descargable en formatos de muestras que tus programas leen sin extensión de nadie. Es la alternativa más honesta conceptualmente: define el color por su medida, no por un nombre propietario. El atlas impreso se puede comprar o incluso imprimir por tu cuenta si controlas el flujo.
- RAL. Sirve muy bien en industria, señalética, arquitectura y producto, con la advertencia de que también es un sistema privado y con licencias propias. Cambias de casero, no te emancipas.
- Las bibliotecas que siguen en tu programa. Trumatch, Focoltone, HKS o los sistemas japoneses continúan dentro y resuelven bastantes encargos si tu trabajo va a cuatricromía.
- Definir el directo dentro del documento. La solución menos glamurosa y la más eficaz: guardar el color como tinta directa con sus valores en el archivo, apuntar los datos en el manual de marca y no depender de que un desplegable siga existiendo dentro de cinco años.
Circularon también ficheros de muestras Pantone por foros y repositorios. Entiendo perfectamente la tentación, sobre todo cuando el archivo roto es de un cliente que espera artes finales el lunes. Terreno resbaladizo, y lo dejo ahí.
Lo que este lío enseña sobre el oficio
Un color no es una idea flotando en el aire: es una tinta, una fórmula, una medida y unas condiciones de impresión. Pantone tiene todo el derecho a cobrar por el trabajo de mantener ese estándar, y quien haya intentado casar un directo en offset y en serigrafía sabe que el trabajo existe. El problema es otro: hemos aceptado durante veinte años que la referencia del color de nuestras marcas viviera fuera de nuestros archivos, en un desplegable prestado, y sin plan B. La lección no es antiPantone, es de higiene profesional. Documenta tus colores con valores medibles, guarda los directos dentro del documento, entrega al cliente un manual que no dependa de la suscripción de nadie y, si el proyecto lo permite, prueba un sistema abierto y comprueba que la imprenta lo entiende.
Al final, todo esto va de a quién le sirve el estándar. Un lenguaje común entre diseñador e impresor es de las mejores cosas que ha producido este oficio, y llevamos décadas ofreciéndoselo a quien lo administra como cartera de licencias en vez de como bien común. Miel para el asno, exactamente. Yo ya no dejo salir un manual de marca sin sus valores medidos escritos en negro sobre blanco, y recomiendo que hagas lo mismo antes de que el próximo contrato entre dos empresas venza sin avisarte.
mielosa